Fragmento del discurso de O'Brien
El progreso en nuestro mundo consistirá en evolucionar hacia padecimientos más perfeccionados. Pretendían las caducas civilizaciones estar fundadas en la caridad y en la justicia. La nuestra tiene por base el odio. En nuestro mundo no existirán los estados emotivos, fuera del temor, de la violencia, del éxito y del envilecimiento. Todo cuanto esté al margen de eso, absolutamente todo, será eliminado. Actualmente estamos empeñados en liquidar todos los razonamientos anteriores a la Revolución. Hemos roto los vínculos entre padres e hijos, entre un hombre y otro hombre, entre un hombre y una mujer. Ya nadie confía en su esposa, en su hijo o en el amigo. Pero en el porvenir no habrá cónyuges ni amistades. Los niños serán separados de sus madres al nacer, como se les quita los huevos a una gallina. El instinto sexual habrá desaparecido. La procreación se verificará por cupos anuales, al igual que la renovación de las cartillas de racionamiento. Suprimiremos todo placer del contacto carnal. Ya nuestros neurólogos se ocupan de buscar una solución a ese problema. No existirá la fidelidad, excepto aquélla que se le debe al Partido. Y no habrá amor, salvo el amor por el Hermano Grande. Y nada de arte, ciencia o literatura. Cuando seamos todopoderosos, nos podremos pasar sin la ciencia. No existirán distingos entre la fealdad y la belleza. Y ningún deseo de aprender ni afán por disfrutar de los goces de la vida. Los placeres habrán dejado de contar como incentivos en la vida del hombre. Pero siempre -recuérdelo, Winston- siempre existirá el sibaritismo del poder, cada vez más cautivante y sutil, siempre y en todos los momentos de la humana existencia, subsistirá la embriaguez producida por el éxito y la inefable satisfacción de aplastar la cabeza de un enemigo vencido. Si quiere usted tener una visión certera del mundo de mañana, imagínese una bota aplastando la cabeza de un ser humano... por todos los tiempos.(George Orwell - 1984)
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